Fire blackening
Pavón Ruso
Se calienta la pieza sin dejar que llegue al rojo, y con una muñequilla de vellón
se frota hasta que se enfríe. La operación se repite varias veces. Este pavón es de escasa
duración y poca calidad. Apenas posee más virtudes que las de la sencillez y la
rapidez.
Pavonado de piezas pequeñas con arena
Es uno de los más sencillos y prácticos que conocemos.
- Se obtiene arena de playa o sílice fino de cantera y se lava repetidamente
con agua limpia hasta que quede exento de sales solubles.
- En un recipiente, se pone la arena al fuego hasta que se elimina toda el
agua del lavado.
- Una vez seca la arena, se entierra la pieza completamente en aquélla y se
pone a calentar en el fuego.
- Transcurridos unos veinte minutos, desenterramos la pieza y observamos el
color que va adquiriendo. Si está a nuestro gusto, la sacamos y la dejamos
enfriar lentamente. Si no, la volvemos a enterrar y esperamos otros veinte
minutos. El enfriamiento lento se hace bien apagando el fuego y dejando la
pieza sobre la arena hasta que enfríe.
Pavonado de piezas pequeñas al fuego
También puede obtenerse un resultado similar al del pavonado con arena,
aplicando directamente el fuego sobre la pieza, aunque el resultado no será tan
uniforme y la pieza puede destemplarse.
Por inmersión en aceite usado
La ventaja de este sistema es que es muy económico y sólo se necesita fuego y
aceite. Es el sistema más apropiado para piezas pequeñas. Su principal
inconveniente es que el calor puede deformar las piezas o modificar su temple.
- En principio da igual qué aceite usemos. Cuanto más negro y usado, mejor
resulta el acabado. Normalmente se usa aceite mineral de motor usado, aunque
los vapores son venenosos y pueden usarse otros aceites, como por ejemplo de
cocina.
- Lo ideal es sumergir completamente las piezas en el aceite, aunque si son
muy grandes puede aplicarse éste con brocha adecuada o un trapo.
- Primero calentaremos la pieza a pavonar. Puede hacerse sobre una llama o
con un soplete. Bastaría con calentarlo hasta el punto en que, al enfriarse,
adquiriría el tono azulado propio del pavonado natural. No se trata de llevar
la pieza al rojo, sólo ponerla muy caliente. La temperatura máxima es cuando
empieza a ponerse al rojo, pues si se calienta más, el resultado es desastroso:
el aceite formará una cascarilla que se desprende de la superficie. Además al
llevar la pieza al rojo puede producir deformaciones mecánicas y variación del
temple.
- Una vez caliente se introduce la pieza en el aceite. El calor hace hervir
el aceite. Cuando deje de hervir sacamos la pieza, con alguna herramienta
adecuada, porque aún seguirá muy caliente.
- Se deja escurrir el aceite, o incluso se limpia la pieza con papel secante,
para eliminar el exceso de aceite.
- Se repite el proceso de calentar y sumergir varias veces hasta que
adquiere un color intenso y uniforme. Los restos de aceite arden al contacto
con la llama, pero esto no es malo.
- Tras la última inmersión, la pieza puede echarse a un bote con serrín fino
para que absorba mejor el aceite.
Con aceite aplicado antes de calentar
- Una vez terminado el pulido de la pieza, limpiarla con alcohol
isopropílico.
- Se cuelga la pieza con un alambre recocido, dejándola al aire.
- Se aplica a la pieza a pavonar una capa de aceite de oliva, mediante un
algodón. La capa de aceite debe ser lo más fina posible.
- Se calienta con el soplete. El aceite se "chamusca" y después "se abre",
saliendo entonces el color del pavón. Hay que tener cuidado de no aplicar el
soplete tan intensamente que la pieza llegue al rojo, para no destemplarla.
- Se repite la aplicación de aceite hasta obtener el color deseado.
- Se deja enfriar.
- Se le aplica aceite ligero ("3 en 1") con algodón y se pasa un paño una
vez seco.
- El color obtenido es un negroazulado tornasol, propio de las armas
antiguas de finales del siglo XIX.
Con aceite aplicado después de calentar
Este procedimiento no proporciona una capa muy protectora.
- Se calienta la pieza a unos 300 ºC y se frota con un trapo untado en
aceite de cocina usado. La temperatura debe ser suficiente para que se queme
el aceite pero que no se evapore. Si la pieza se pone al rojo, el aceite y la
protección desaparecen.
- Se repite el proceso varias veces hasta lograr el efecto deseado.
Para piezas pequeñas puede hacerse incluso en el horno de la cocina,
poniéndolo al máximo.
Con humo
Probablemente el resultado de este sistema no proporciona muy protector y su
efecto es más decorativo. Se hace con carbón mineral o de hulla sobre una fragua.
Este carbón tiene mucho azufre, echa bastante humo graso y contamina bastante.
- Se calienta la pieza sin que llegue al rojo, por encima de 250ºC.
- Cuando está caliente se echa en la fragua un trozo del carbón de hulla e
inmediatamente se coloca la pieza en la parte alta de la llama, donde se
genera la mayor parte del humo.
- La carbonilla se deposita sobre toda la pieza, pero sólo queda adherida en
las zonas que tuviesen la temperatura adecuada.
- Una vez fría la pieza, se elimina la carbonilla con un trapo o pincel.
- Se aplica cera de carpintero (cera de abeja con aceite y disolvente)
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