Además de los elementos de seguridad personal (guantes de goma, gafas de protección, mono de trabajo o ropa vieja, etc., podemos necesitar las vasijas y recipientes de vidrio o acero inoxidable, un suministro de agua corriente fría y caliente, alguna vasija de plástico para el desengrase previo, un termómetro que pueda medir temperaturas de 150º centígrados o más, alicates o pinzas para manipular las piezas calientes, una balanza que permita pesar con una exactitud de un gramo, una probeta o vaso graduado para medir líquidos, alambres para preparar un sistema de cuelgue de las piezas para que no toquen el fondo y las paredes... y todo lo que permita trabajar cómodo y seguro.
Si se van a usar productos químicos corrosivos o venenosos el lugar debe estar bien ventilado y disponer de salida de emergencia. Hay que haber leído las medidas de seguridad de cada producto.
En todos los casos hay que tener en cuenta que una de las principales características del pavonado es que la capa protectora es tan fina que no se modifican las dimensiones de las piezas. Esa misma es la causa de que el pavonado no oculta los defectos, por lo que para un acabado correcto los trabajos de pulido, limpieza, desengrase y aclarado previos son incluso más importantes que el pavonado en sí mismo.
Es muy importante que la pieza debe estar libre de grasa, y en muchos casos, también de óxido. Esto puede requerir algún proceso previo al pavonado propiamente dicho. Igualmente, según el tipo de acabado que se desee, mate o brillante, puede ser necesario aumentar la rugosidad de la superficie o, contrariamente, un pulido previo.
El éxito de un pavonado depende de un perfecto desengrasado de las piezas. Unas piezas recién salidas pueden tener sólo la grasa que hayan podido dejar las manos o los lubricantes usados en el taller y por lo tanto es relativamente fácil eliminarla puliéndolas con tela esmeril y después bastará simplemente con sumergirlas un buen rato en una vasija con alcohol (mejor isopropílico) y sin tocarlas con las manos desnudas (o los guantes grasientos) se pueden empezar a tratar con la solución pavonadora. En el caso de piezas de armas o máquinas que han pasado la mayor parte de su vida engrasadas para protegerlas de la corrosión, será necesario actuar de forma más contundente. A veces vale lejía un poco diluida. También puede ser muy efectivo sumergir las piezas en una lechada de cal.
Nótese lo machaconamente que constantemente se advierte la precaución de no
tocar las piezas con las manos durante todos los procesos de pavonado. El motivo
es porque la grasa que siempre tienen las manos mancharía puntos o sectores que
van a ser objeto de pavonado, y quedarían sin recibirlo. La grasa es enemigo
irreconciliable del pavonado, a pesar de que se usa en algunos procesos.
Si las piezas estaban oxidadas, antes del desengrasado hay que desoxidarlas.
Para ello podemos usar una solución al 10% de ácido oxálico en agua, o uno de
los preparados comerciales que existen. Con ello, también la posible grasa queda
eliminada y con un enjuague en alcohol suele ser suficiente.
Es sencilla de preparar y se obtiene una superficie mate, ligeramente rugosa con el pavonado posterior.
Si se quiere obtener un tono todavía más mate al efectuar el pavonado, se puede usar esta fórmula desoxidante.
Esta fórmula presenta la ventaja de no alterar las superficies pulidas, y suele utilizarse con prioridad a otras cuando los pavonados posteriores se hacen con fórmulas en las que interviene la sosa cáustica.
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